REFLEX: ¿Vuelta al "pobre de mí"?

>> lunes, septiembre 19, 2005

Este va de nostalgia... y de cuando alguien te para los pies omitiendo tu opinión.

Parte A: Enfrentamiento con personas (teoría)
Parte B: Influencia indirecta en otros aspectos de la vida (práctica)

Parte A.
A veces, en la vida te pasan cosas que te hacen perder la ilusión. Piensas que una cosa es de una forma... luego, ocurre tal hecho y sale mal... pues no pasa nada... pero lo que me entristece es que cuando pretendes hacer cosas para arreglarlas, pues ignoren lo que dices. O que alguien te pare los pies de golpe, haciéndose ser jefecillo.

No me gusta que nadie adopte ser jefecillo. Me siento impotente ante eso, porque intenta reducir tu opinión como si estuvieses diciendo una estupidez o porque hacen un abuso de una situación privilegiada de conocimiento superior.

En fin: Sergio, cállate la boca, porque lo mio no es luchar en este tipo de casos. Hace tiempo que opté por intentar mover el mundo con pequeños actos en vez de con las palabras. A ver si consigo aprender de las hermanas de Calcuta.

Ahora bien, estos actos no quiero que provoquen una pérdida de ilusión en mí: donde no me quieren, no voy a luchar para estar. Prefiero ayudar a alguien a enfrentarme a una situación absurda.

Claro, que uno a veces tiene que aguantar estas situaciones. Luego, con un poco de suerte, tienes una oportunidad para mejorar la situación. La pena es cuando esta oportunidad requiere que la persona "ruidosa" no esté. Es doloroso, preferiria que estuviese, pero estando no me deja a mi actuar.

Parte B.
Con todo este rollo, llego hoy a la facultad. Presentan los proyectos mis compañeros. Al rato, observo un par de novios que estan en mi clase, que, al apagar el profesor las luces, pues se dan besos esporádicos y se cogen de la mano (me fije porque en ciertos momentos eran bastante descarados).

Claro, a mi todo lo ocurrido en la parte A me ha echo retomar mi estado de inseguridad. Me pasa muchas veces: cuando pruebo nuevos proyectos, y me quitan las ilusiones, retomo el "pobre de mi". No me gusta, soy más feliz con el "que bien, me salen las cosas", pero sé que sólo me dura un mes. Se cumplió el mes, vuelvo al "pobre de mi".

La cosa es que el motivo de ver a esa pareja y la inseguridad con ciertas personas provoca que yo empiece a pensar "necesito a alguien que me apoye". Craso error, lo se: la felicidad esta dentro de uno, no en el otro... pero a veces, tienes una acumulación de necesidad de cariño enorme.

Y es cuando más me fijo en los detalles. Tambien es cuando más pienso en Dios. Es una pena que me acuerde más de Dios en los momentos tristes. Quizás Él quiere que me acuerde de Él. Quizás Él quiere que aprenda algo pero ¿porque siempre lo mismo? ¿porque en la misma situación siempre? Intento cambiar todo lo posible para conocer: hablar con otras personas, fijarme en el que necesita ayuda y dolerme por la gente que me ha dado una bofetada. ¿Son las situaciones límites y los sufrimientos los que nos enseñan las mejores lecciones?

Pongo la otra mejilla. Miro y me callo la boca. El problema es que cuando me callo... la gente sabe que algo me pasa...

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