PAISAJES: Una seta

>> martes, noviembre 01, 2005

Este fin de semana tuve la oportunidad de andar despacio. Lo he comentado alguna vez: es cuando de repente, ves que vas demasiado rápido: te paras, y miras a tu alrededor. Entonces el tiempo se para... pasa lentamente, y observas cosas que nunca observas.

Yo siempre he dicho que no quiero dejar de ser niño. Los niños se sorprenden de cosas que los mayores ignoran. Creo que es un defecto que se puede corregir... pero que pasamos.

Antes, para mi un año era un tiempo larguísimo. Ahora, la sociedad me hace pensar que es un tiempo corto. El ritmo de Madrid es demasiado rápido: en una vida, no tengo tiempo para entrar en la misma rutina. Necesito parar, descansar, tener tiempo para rezar, para coger mi bici, para dedicarle una sonrisa a los niños. Todavía me acuerdo de cuando en mi casa crecían amapolas: Ahora, me sorprendo de ver una amapola...


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