Las gafas de Dios.

>> martes, noviembre 01, 2005

Una vez, una persona murió. En esto que San Pedro no estaba en la puerta, y se coló en el cielo. Y dentro del cielo entró en el despacho de Dios, el cual no estaba. Sobre la mesa había unas gafas y se las puso.

Entonces empezó a ver toda la humanidad: las cosas buenas y malas que hacían. Despues de mirar un rato, le dio por observar a su compañero de trabajo. En ese momento, estaba dandole un credito injusto a una anciana a la cual sumiría en la miseria. Se cabreó, cogió el banco donde se sienta Dios, se lo lanzó y se lo cargó.

Dios entró y preguntó dónde estaba su banco. El hombre le explico que lo había lanzado a su compañero de trabajo porque estaba haciendo una cosa injusta.

En esto, Dios le miró con cariño y dijo: Mira, sólo está en condiciones de juzgar el que es capaz de salvar. Y en la tierra, sólo mi hijo podía hacerlo: y aún así, no juzgó a nadie.


Y yo ¿estoy en derecho de juzgar a otras personas cuando no se apenas nada de ellas? ¿me debo dejar llevar por lo que me digan, sabiendo que no es bueno en mi interior? Yo he vivido bastantes juicios injustos en mi vida. Desearía que hubiesen conocido lo suficiente de mí para que no me juzgasen como lo hicieron. Por ello, cuando hablo de alguien, procuro hacerlo con cariño, sabiendome de sus defectos y virtudes, e intentando hacerlo sólo para obtener lo bueno.

Dios quiere que aprendamos en la vida, que tomemos nuestras decisiones y que si nos falla, pensemos en las bienaveturanzas... que son de las palabras más bonitas dichas por el hombre.

1 han cogido un SUGUS:

Sergio miércoles, noviembre 02, 2005 11:43:00 p. m.  

Las Bienaventuranzas o beatitudes, expresan cómo debe ser la vida del cristiano, dónde está su verdadera realización y cómo logrará obtener no sólo la felicidad, sino la vida eterna. No en vano las bienaventuranzas han sido llamadas "El compendio del Plan de Dios para el Hombre". "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra. Bienaventurados los hambrientos y sedientos de Santidad, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos conseguirán la misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos a causa de la santidad, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados ustedes cuando los maldijeren y persiguieren y dijeren, mintiendo, todo mal contra ustedes por mi causa. Alégrense, porque la recompensa de ustedes será grande en los cielos". (Mt 5,3-12).

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