Un sueño

>> lunes, marzo 12, 2007

Puedo ver el espacio, lleno de estrellas. Muchas de ellas blancas e intermitentes y algunas rojas. El espacio es tan grande... ¿algún día podré surcarlo? Miro para abajo y veo un interminable barranco. Es como si fuese el fin de la tierra... ¡sí! lo es: es la tierra, partida en dos: un barranco infinito donde abajo sólo se vé más espacio. Enfrente... más espacio.

¿Qué hago en el extremo del barranco? No puedo avanzar. No me importaría avanzar hacia el vacío, pero algo me lo impide: Dos personas, un hombre y una mujer, me sujetan uno de cada brazo. Tiran de mi pero no me mueven. No avanzo ni retrocedo.

Pero hay más gente. Detrás hay una doble hilera interminable de personas. Se desplaza hasta el horizonte, donde se pierde la gente. Aunque algunas están cerca, no lo están lo suficiente. Eso sí: los cercanos los conozco. Los lejanos sé que los conozco, pero me olvidé de ellos: lo único que recuerdo es que algo de amor me dieron o les dí.

De repente, una mano aparece en el lado del espacio. Se acerca imponente, autoritaria, pero no como para dar miedo, sino como para indicar algo. Su índice se acerca a mi pecho y me empuja, con lo que caigo súbitamente hacia atrás, entre las dos hileras de personas. Todas miran, pero ninguna se acerca. Y una voz confiada, como si tuviera en posesión de toda la verdad dice: -todavía no, aún debes hacer lo que has venido a hacer-. Me levanto, pues, acato la orden, y comienzo a caminar entre el sendero que forman las dos hileras.

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