Tan sólo uno

>> domingo, mayo 09, 2010

La conocí en un campamento. Allí conocías a mucha gente a la vez y costaba que destacase alguno pues todos destacaban. La situación me encantaba, ya que me encanta conocer a nuevas personas.

Al pasar los días hubo un momento de silencio, en el que la gente se desperdigaba para reflexionar. En ese momento a mi me gusta pasear y repartir sugus de forma silenciosa.

Y mientras paseaba, me salté sin querer a una chica. Ella se me acercó llamándome "¡Sugussss!". Me di la vuelta y la observé: era pequeñita, con una camisa de rayas gruesas con tonos azules, de un precioso pelo largo castaño y voz angelical. No se si será fallo de mi memoria, pero aun siendo tímida, me dijo algo así como que le encantaba cómo era yo. No sé cómo decirlo: me enamoré de esa chica al instante. Le agradecí el comentario, le dí un sugus y la dejé meditando.

Soy un enamorado de las situaciones tiernas, de los abrazos y de las confesiones de corazón ¿será el motivo de mi flechazo? Aun así, ella era aún demasiado joven, con lo que preferí dejarlo estar sin prestarle mayor atención.

Los años pasaron, ella fue creciendo y decidió que en su vida se iba a dedicar a la faceta artística. Me encanta que alguien tenga la capacidad de elegir esa vía frente a otra más económica. Coincidí numerosas veces con ella, a la cual siempre le confesaba que estaba enamorado de sus dotes artísticas (y esto era verdad, la admiro bastante).

Alguna vez tuve la ocasión de estar a solas con ella, pero la situación se me volvía tensa. Ya no tenía la limitación de la edad como cuando la conocí: había vivido mundo, tenido novios, disgustos, y seguía siendo tímida y un tanto perdida a la hora de mostrar su yo interior. Por mi parte yo era torpe y no sabía qué decir sin que fuese una tontería.

El tiempo siguió pasando y han pasado dos años desde la última vez que la ví. Ayer me fui a ver un encuentro deportivo en un estadio. Me encontré con mucha gente, a todos llevaba dos años sin verlos, así que hablamos mientras nos perdíamos buscando las gradas.

Y ella estaba allí también. En la última fila de las gradas se sentó a mi lado y extrañamente estábamos muy tranquilos y cariñosos el uno con el otro. Yo veía la situación como siempre: bueno, ser cariñoso tiene lo bueno de los abrazos y lo malo que no recibes nada más.

Pero ella se acercó demasiado a mi y me dijo susurrando "Tan sólo uno" y acercando su boca me besó. No era un beso pequeño ni uno excesivo. Simplemente sus labios coincidían con los míos. Me pareció eterno, un sueño hecho realidad. Tan maravilloso que me pregunté ¿porqué tan sólo uno?

Porque en ese momento, me desperté del sueño.

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