Con el corazón en la boca

>> domingo, julio 19, 2009

En muchas ocasiones me he puesto a escuchar una canción en mi MP3: mira que bien grabada; está en su tono; los instrumentos adecuados; ritmo... me mola. Aunque realmente no he puesto atención a la letra, me la sé, me gusta y punto.

Otras, cuando la canción es lenta, escucho preciosas historias rodeadas de una música celestial.

Hoy quizás, la opción ha sido abogar por algo distinto. Sin ensayo ¿dejamos claro que esto puede salir mal? Bueno, un objetivo podría ser que todos viniésemos en las mismas condiciones, es decir, que no fuesen dos grupos: los que vienen a cantar y los que vienen a escuchar. Mejor sería ¿y si canta el que quiera y escucha el que quiera? ¡Hombre, pues que podría ser un desastre! O nadie canta, o se canta mal o cada uno canta una cosa distinta. Venir evaluar como cantas, a estar más pendiente en la perfección o en el orden o de ver quien lo hace mejor... umm ...esto no funciona.


¡Si! Podría ser... pero ¿y el corazon? Somos cristianos. Por ello creemos en una cosa que sobrepasa los sentidos: en el Espíritu Santo, en la providencia divina. Es decir, en "tener fe". Y por fe podría entender en confiar en Dios... aunque la razón nos diga que es imposible.

Entonces es cuando el resultado puede ser el destono, el silencio, palabras equivocadas o cualquier cosa que no sea "el canto perfecto". Pero... surge algo mejor: "el canto con el corazón": No lo haces para impresionar, ni para que te oigan como protagonista. Es simplemente que sientas lo que cantas o lo que escuchas, haciéndolo como más perfecto se puede hacer: cantar por Amor.

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